24/3/17

Si un examen le causa estrés, relájese escribiendo [24-3-17]

Si un examen le causa estrés, relájese escribiendo

Un estudio halla que expresar los temores y ansiedades por escrito mejoró el rendimiento académico de los estudiantes

Si su adolescente está hecho un manojo de nervios debido a las pruebas parciales o a ese SAT que se acerca, una sencilla intervención podría aliviar su ansiedad y mejorar sus calificaciones.
Una nueva investigación, que aparece en la edición del 14 de enero de la revista Science, encontró que cuando los estudiantes pasaban diez minutos escribiendo sobre la ansiedad y temores causados por un examen justo antes de tomarlo, sus calificaciones mejoraban. Y las mayores mejoras se observaron en los adolescentes que estaban más estresados antes del examen.

"Mostramos que dar a los estudiantes la oportunidad de escribir lo que piensan y sienten sobre un examen antes de tomarlo puede mejorar el rendimiento, sobre todo entre los que estaban ansiosos antes de la prueba", aseguró Sian Beilock, coautora del estudio y profesora asociada de psicología en la Universidad de Chicago.

"Los estudiantes que se sienten ansiosos de manera constante por lo general rinden por debajo de sus pares", señaló Beilock, quien también es autora del libro Choke: What the Secrets of the Brain Reveal About Getting It Right When You Have To.

"Con esta intervención, tenemos una oportunidad de eliminar esa diferencia", añadió.

En la información de respaldo del estudio, los investigadores apuntaron que aunque la idea de llamar la atención sobre el problema de la ansiedad en los exámenes escribiendo al respecto podría parecer intuitivamente algo que aumentaría la preocupación, otros estudios sobre depresión y distintos trastornos psicológicos han encontrado que sucede lo contrario. La escritura expresiva sobre un evento traumático o emocional es una forma eficaz de que las personas dejen de preocuparse sobre la experiencia.

Para ver si este tipo de escritura ayudaría a reducir la ansiedad sobre las pruebas, los investigadores realizaron cuatro pruebas en estudiantes de secundaria y universitarios.

La primera prueba incluyó a veinte estudiantes universitarios, a quienes se pidió que hicieran dos exámenes de matemáticas. Durante la primera prueba, a los estudiantes se les instruyó sencillamente para que hicieran su mejor esfuerzo. Para la segunda prueba, los investigadores añadieron presión a la situación al prometer a las personas un incentivo monetario si tenían buen rendimiento. Sin embargo, cada estudiante fue emparejado con un compañero, y a ambos tenía que irles bien en la prueba para ganarse el dinero. Se pidió a la mitad de los estudiantes que pasaran diez minutos antes de la prueba escribiendo cómo se sentían sobre la misma. A la otra mitad se le pidió que se sentaran tranquilos durante ese periodo.

Los que no realizaron los ejercicios de escritura "se desmoronaron con la presión", y las puntuaciones de sus pruebas se redujeron en doce por ciento, según el estudio. Los que escribieron sobre lo que sentían sobre la prueba mejoraron sus puntuaciones en cinco por ciento.

En el segundo estudio, los investigadores pidieron a 47 estudiantes universitarios que tomaran el mismo conjunto de pruebas. Sólo que esta vez, se pidió a un tercer grupo que escribieran durante diez minutos sobre un evento no emocional no relacionado. Los estudiantes en el grupo que no escribió, y los del grupo que escribieron sobre un evento no relacionado, experimentaron una reducción del siete por ciento en las puntuaciones en la prueba, mientras que el grupo que escribió sobre sus temores relacionados con la prueba mejoraron en cuatro por ciento.

Los estudios tres y cuatro se realizaron con un año de diferencia, usando distintos estudiantes de noveno grado de un año a otro, que asistían a la misma escuela. El estudio tres contó con 51 estudiantes, y el cuatro con 55.

Seis semanas antes de un examen final, los investigadores midieron los niveles generales de ansiedad de los estudiantes sobre tomar el examen. Luego, justo antes de tomar el primer examen final de secundaria, se pidió a la mitad que escribieran sobre la ansiedad provocada por el examen. A la otra mitad se le pidió que se sentaran tranquilos y que pensaran sobre algo que no fuera un tema de examen.

Tras corregir el examen final, los investigadores encontraron que los que tenían los niveles de ansiedad más altos mostraron el peor rendimiento en el grupo que no escribió. Pero los del grupo de escritura que estaban muy ansiosos antes del examen rindieron de forma similar que los adolescentes no ansiosos. No hubo una diferencia significativa entre los grupos de escritura y de no escritura si los estudiantes tenían niveles bajos de ansiedad sobre la prueba desde el principio, anotaron los autores del estudio.

Bailock dijo que el ejercicio de escritura funciona porque una vez las preocupaciones están por escrito, no hay que preocuparse ni obsesionarse con ellas durante el examen.

"Las preocupaciones pueden afectar importantes habilidades de pensamiento y razonamiento que de otra forma utilizaríamos para pensar de la mejor manera. Este ejercicio de escritura da a los estudiantes más potencia cognitiva", explicó.

"Definitivamente tienen algo", aseguró el Dr. Jonathan Pletcher, profesor asistente de pediatría de la división de medicina adolescente del Hospital Pediátrico de Pittsburgh. "Cuando uno se preocupa y no lo expresa en palabras, eso tiene un impacto que dificulta concentrarse y sacar el conocimiento de la memoria para que nos vaya bien en un examen".

Pletcher dijo que recomienda una técnica similar a adolescentes que tienen problemas para dormir por la noche. Antes de acostarse, escribir una lista de las inquietudes aclara la cabeza y permite dormir.

Dijo que los estudiantes podían practicar esta habilidad por adelantado y ver si les ayuda.

Aunque tal vez muchos profesores no den a los estudiantes diez minutos para escribir sus preocupaciones justo antes de un examen, Beilock dijo que escribir los temores sobre el examen antes durante el día podría resultar útil.

"En nuestra cultura, que cada vez se obsesiona más con la pruebas, podemos desarrollar ejercicios rápidos y fáciles para ayudar a todo el mundo a alcanzar su pleno potencial", afirmó.

21/3/17

Autoestima; quiérete mucho [21-3-17]


Autoestima; quiérete mucho

En el siglo XXI, la autoestima es un concepto muy rentable alrededor del que giran desde libros de autoayuda hasta técnicas de marketing. Pero la verdadera autoestima consiste en conocerte bien a ti misma, aceptarte tal y como eres, quererte y, desde ahí, sacar lo mejor de ti.

Un camino no siempre sencillo, pero que te conducirá a liberarte de la necesidad de fi ngir, callar o complacer. Eso sí, recuerda que su peor enemigo es el juez interior, esa voz crítica y destructiva que te dice que no mereces, no sabes o no puedes.


NO TE COMPARES

Perder el tiempo, excepto si lo estás haciendo para imitar un comportamiento que te resulta atractivo en alguien a quien admiras. Y tampoco dejes que otros te comparen. Tira a la basura las frases hirientes que escuchaste mil veces cuando eras pequeña, los motes denigrantes, las etiquetas que te hacen sentir mal. Ya no los necesitas ni los necesitarás más.

SE POSITIVA

Si continuamente te enfocas en el lado negativo de la vida, si solo ves defectos cuando te miras al espejo, si el estrés del trabajo no te deja disfrutar del día a día... todas esas actitudes te afean, te apagan, no te dejan oxígeno para apreciar lo que sí va bien. Sonríete en el espejo, camina con aires de diva, piensa que hoy puede ser un gran día y saca partido a tus mejores virtudes. Es una forma de decirle a tu inconsciente que te niegas a atraer más malestar.

BUSCA LO BUENO

Cierra los ojos, respira profundamente y recuerda un momento de tu vida en el que te sentiste llena de autoconfi anza. Siéntelo con toda intensidad un par de minutos y después presiona con fuerza tus dedos índice y pulgar. Abre los ojos y sigue con tu rutina. Cuando te veas en una situación en la que tu autoestima fl aquee, vuelve a unir ambos dedos para recuperar aquel momento.

USA EL HUMOR

Ríete de todo, incluso de ti misma, quítales dramatismo a tus problemas y recuerda que no tienes que ser perfecta ni ajustarte a ningún molde, porque ya eres perfecta tal y como eres. Tu valor no depende de tu belleza física, de tu estatus económico ni de que la gente que te rodea piense que eres simpática, brillante o adorable. Te tienes que gustar a ti misma para poder atraer belleza y positividad a tu vida.

PIROPÉATE

Acepta los cumplidos propios y ajenos con una sonrisa de oreja a oreja, cree en ellos y di gracias. Y no dudes en regalárselos a los demás cuando sientas el impulso de hacerlos. Crea buen ambiente a tu alrededor, en casa, en la ofi cina, incluso en el supermercado si hace falta. Arréglate por el placer de sentirte guapa y a gusto contigo misma... Y recuerda que esa energía positiva te vendrá de vuelta, refl ejando todo tu poder y tu valía.
 

19/3/17

El 'síndrome de las ventanas' [19-3-17]

El 'síndrome de las ventanas'

El sistema operativo que utilizamos la mayoría es el denominado Windows. Si la marca se hubiese registrado en castellano diríamos: yo utilizo el Ventanas, ¿y tú? El nombre escogido por Microsoft tiene su razón de ser. Este sistema fue concebido para que el usuario pudiera tener activas varias ventanas a la vez. Cada una de ellas constituye un canal de comunicación a través del cual una persona desarrolla una tarea determinada. Hay personas que mantienen abiertas más de veinte al mismo tiempo. Basta con accionar un solo botón para saltar de una tarea a otra: el usuario graba un fichero, contesta un correo electrónico, avanza en un texto a medias, abre un e-mail entrante, lo reenvía, visualiza un vídeo, luego imprime una fotografía, minimiza esa ventana y se va a una hoja de cálculo para proseguir con ciertas operaciones...

Este modo de enfrentarse al trabajo se ha ido extendiendo al mundo real. Cuando un joven se comunica, lo hace con diversas personas y a través de distintos canales al mismo tiempo. Desde su ordenador chatea en dos o tres ventanas distintas con diferentes grupos de personas; tiene abiertos dos blogs; contesta un sms en su móvil, comiéndose letras para comprimir el espacio del mensaje, y todo ello mientras juega con la Play y dialoga a voces con su madre desde la habitación contigua.

El sistema de ventanas abiertas simul-táneamente ha provocado un cambio formidable en las habilidades personales. Se ha desarrollado, sobre todo entre los más jóvenes, una inaudita velocidad para cambiar de asunto. Se aumenta la adaptabilidad y capacidad de descodificar en pocos segundos los estímulos recibidos. Procesamos y reaccionamos ante la información a mayor velocidad. También ha mejorado la posibilidad de avanzar varias tareas en paralelo, la denominada multitarea (multitasking), una especie de pluriempleo de las neuronas. Asistimos a lo que podría denominarse horizontalización de la concentración. Es decir, abarcamos muchos más frentes.

Pero no hay mejora que no suponga una renuncia. "Quien mucho abarca, poco aprieta", dice el refranero. La tendencia a abrir más y más frentes simultáneos desemboca en una reducción de la capacidad de concentración. Más amplitud supone menos profundidad. Se pasa por la información de puntillas, quedándonos con lo esencial, sin ir a la esencia y causas primeras de las cosas.

La multitarea ha traído el denominado síndrome de las ventanas, que debe su nombre a las ventanas de Windows. Un síndrome que provoca ansiedad por abrir el máximo de canales de comunicación o áreas de trabajo posibles. Inconscientemente buscamos pasar menos tiempo en una tarea determinada y, si es posible, aumentar el número de frentes abiertos. Desacostumbrados a profundizar, buscamos sentirnos útiles aumentando el número de temas que abordamos de forma somera y superficial. Una persona ante un ordenador con una sola ventana abierta tiene la sensación de que está siendo poco eficiente, de que le faltan estímulos, de que permanece ociosa.

Investigaciones recientes han demostrado que la multitarea tiene un límite. Neurólogos, psicólogos y profesores de escuelas de negocios norteamericanas sugieren que deberíamos controlar el número de tareas que atendemos en paralelo. Jonathan B. Spira, analista jefe de Basex, una empresa de investigación sobre prácticas empresariales, estimó que en Estados Unidos el coste de las interrupciones debidas a la multitarea rondaba los 650.000 millones de dólares al año. Un coste calculado a través de la pérdida de productividad que supone el cambio constante de frentes a los que se presta atención.

Los síntomas del síndrome de las ventanas son muy similares a los de los niños con déficit de atención. Recientemente se ha hablado mucho sobre el aumento de niños con síntomas de hiperactividad. Educadores y profesores denuncian que la capacidad de concentración de los jóvenes alcanza niveles inferiores a los exigidos en los planes de estudios. La semana pasada, un profesor de instituto me comentó que encontraba problemas para lograr la concentración de sus alumnos. Todavía más sangrante es el caso de una madre cuyo hijo preparaba un examen, pero no lograba concentrarse. El problema, me decía, era que deseaba concentrarse, pero no sabía cómo hacerlo. Su mente había perdido el hábito. No hay más hiperactivos, sino más jóvenes normales con efectos secundarios debidos al síndrome de las ventanas.

La importancia de concentrarse no puede ser subestimada. En el año 2005 se realizó en Cuba una prueba científica con dos muestras de deportistas. Se midió previamente su capacidad de concentración según la técnica de los anillos de Landford. Los resultados demostraron empíricamente que los deportistas con mayor capacidad de concentración lograban mejores resultados en las competiciones.

Sin duda, el día de mañana, la capacidad de concentración de una persona será un factor de éxito, algo que marcará la diferencia. No es de extrañar que, ante esta realidad, estén apareciendo nuevos conceptos de academias para enseñar y ejercitar la concentración mediante juegos y aplicaciones de las matemáticas.

Capacidad de concentración

Algunos consejos para desarrollar la capacidad de concentración: fomentar lectura de libros (no de textos comprimidos en pantallas) y marcar con una señal las frases que han sido comprendidas (no pasar a la siguiente si la anterior no está marcada, para evitar leer entre líneas y saltar frases reteniendo sólo algunas partes del texto). Es importante obligarse a un mínimo de tiempo diario de trabajo en una sola tarea, aislándose de otros estímulos externos. En ese sentido, más que estudiar ocho horas seguidas es preferible hacerlo en bloques de veinte minutos con descansos de cinco, para recuperar la capacidad de atención.

Fernando Trías de Bes es profesor de Esade, conferenciante y escritor.

18/3/17

Una semana sin Facebook, ¿la solución para mejorar la autoestima?

Una semana sin Facebook, ¿la solución para mejorar la autoestima?

En Dinamarca se realizó un experimento en el que se les solicitó a usuarios frecuentes de la red social que la abandonaran durante 7 días. Cuáles fueron los cambios en los estados de ánimo de los stalkers

infobae.com

Facebook traspasó su condición de red social y se transformó en una parte inevitable de la rutina diaria. Sus usuarios dedican horas cada día, en sus celulares, computadoras o tablets, para inspeccionar la actividad de sus amigos. Fotos, reflexiones y comentarios varios en una plataforma en la que se hace culto de la felicidad.

La Universidad de Copenhague reunió a 1.095 personas con perfiles activos en Facebook. El 86% de ellos eran mujeres y el 14% restante, hombres. Todos procedentes de distintas partes de Dinamarca, con una edad promedio de 34 años y alrededor de 350 amigos en la red social analizada.

En primer lugar, se les pidió que realizaran un pre-test de 15 minutos que les permitía a los investigadores determinar quiénes estaría en el grupo de tratamiento y quiénes en el grupo de control. A la mitad de los participantes -del grupo primer grupo- se les pidió que no tuvieran contacto con Facebook, que ni siquiera abrieran su sesión durante una semana. Al otro grupo, se les dijo que siguieran con sus hábitos de siempre en la red social.

Transcurridos los 7 días, emergieron los resultados del estudio. Los participantes completaron otro test en el que el grupo de tratamiento reflejó una mejora significativa en el estado de ánimo con respecto a la semana anterior. Los stalkers -los usuarios que más controlan los movimientos en las redes de sus amigos- padecen un síndrome llamado "Facebook-envidia". Ellos fueron los que registraron un mayor aumento en su autoestima después de no usar la red social.

De los participantes del grupo de tratamiento que realizaron el test final, el 13% admitió caer en la tentación y haber usado Facebook en algún momento de la semana. La mayoría de los incumplidores aseguró que el desliz se había debido a una emergencia o que había sido un "accidente".

"Millones de personas se pasan horas en Facebook cada día, lo cual afecta su salud subjetiva", escribió el autor del informe Morten Tromholt. La revolución en las comunicaciones promovió una aproximación entre los puntos más lejanos del globo. Las personas están más conectadas entre sí que en ningún otro momento de la historia. Pero, ¿eso las hace más felices?

"No", respondió en forma tajante Tromholt. De hecho, los usos predominantes de Facebook -es decir, como un medio para comunicarse y obtener información sobre otros, como pasatiempo habitual- están afectando negativamente nuestro bienestar en varias dimensiones", continuó.

16/3/17

Refuerza tu autoestima [16-3-17]

Refuerza tu autoestima

TÉCNICAS QUE AYUDAN A FORTALECER Y DEFINIR LA PERSONALIDAD

Imagina una vida en la que, casi constantemente, piensas de forma negativa, siempre estás a la defensiva y no toleras las críticas constructivas. Una vida en la que, día tras día, te atemoriza la posibilidad de cometer algún error, vives frustrado y te sientes insatisfecho con todo lo que haces.

Por si fuera poco, continuamente sospechas de las intenciones de los demás y no pones límites a tu relación amorosa por temor a que te abandonen.

¿Crees que es exagerado? Desafortunadamente no lo es. Describe el perfil de una persona con una pobre o baja autoestima, algo que generalmente se dice afecta más durante la niñez o la adolescencia, pero que muchas veces continúa hasta la adultez. Una situación que, sin duda, ocasiona un sinnúmero de dificultades en la persona que lo sufre.

Y es que la autoestima -ese concepto emocional sobre la valoración que hacemos de nosotros mismos y que tanto influye en casi todo lo que hacemos a lo largo de nuestras vidas-, es uno de los aspectos más importantes para el desarrollo completo de todo ser humano. Especialmente, porque es lo que nos marca como persona y nos ayuda a definir la personalidad.

En ese sentido, tienes una autoestima saludable cuando eres consciente de tus virtudes y defectos, señalan los expertos en conducta humana. Implica respeto hacia uno mismo y consecuentemente hacia los demás, señala por su parte la ‘coach’ de vida certificada Gionira Blanco, quien ofrece talleres sobre autoestima a mujeres que han pasado por situaciones emocionales en las que ésta se ha afectado.

“Son mujeres que a veces han pasado por infidelidades de sus esposos, que las han dejado por mujeres más jóvenes o simplemente, las han abandonado y no saben por qué”, indica Blanco, tras señalar que a veces, sin darse cuenta, estas mujeres pasan por la misma situación más de una vez, lo que va socavando su autoestima.

“Sin darse cuenta, atraen una y otra vez al mismo tipo de hombre y pasan repetidamente por la misma experiencia. Por eso, en los talleres las llevo a que hagan un análisis de sus relaciones pasadas para que se den cuenta de que ellas pueden controlar esa situación”, agrega Blanco, autora del taller de apoderamiento y autoestima femenina “En busca del hombre ideal… pareja ya tuve”.

De hecho, Blanco destaca que sus talleres están dirigido a reeducar a la mujer en cuanto a sus relaciones amorosas rompiendo con el mito del “príncipe azul que viene al rescate de su princesa”. Además de ayudarlas a desarrollar técnicas para mejorar su autoestima, identificar qué es una relación saludable, descubrir qué está dispuesta a negociar y qué no, entre otros aspectos.

Valoración positiva


Tener una autoestima elevada no significa creerte más importante que los demás, subraya Blanco. Significa saber y tener plena conciencia de que tu vida es infinitamente valiosa y tan importante como las de los demás. También es saber aceptar tus propios defectos, errores y limitaciones sin llegar a menospreciarte o sentirte lastimado, coinciden los expertos.

Pero para entender qué es la baja autoestima tenemos que comprender cómo esta se desarrolla, propone la psicóloga y consejera Naychaly Rivera Nieves, del centro PIENSA Psicología Innovadora.

“En primer lugar la autoestima es una palabra a la cual se da un valor distinto según la sociedad, cultura, crianza y experiencia con la vida”, explica Rivera. De hecho, señala que, por ejemplo, en las culturas orientales se le da un mayor valor al ser humano visto como sociedad o grupo, por lo que no se estimula el concepto de autoestima pues se considera que es individualista.

“Por el contrario, en occidente se rinde culto al individualismo y se patrocina al componente del individuo. Es importante comprender esta diferencia porque el ser humano desarrolla sus personalidad en un contexto particular. Y esta experiencia e interacciones con el ambiente moldeará y determinará las cosas que considerará importante para sí mismo en el transcurso de su vida”, agrega Rivera.

En ese sentido, para que la autoestima se desarrolle de forma sana, la psicóloga sostiene que desde niños necesitamos sentir que somos aceptados y recompensados positivamente. “Es así como desarrollamos una autoestima positiva y autovalía sana”, afirma. Y esto se logra con refuerzos positivos desde la niñez. De ahí la importancia que tienen los padres en el desarrollo de una autoestima saludable en sus hijos.

Sin embargo, Rivera afirma que la sociedad subordina la aceptación a actos, ritos, condiciones y estándares particulares. Ejemplos de eso, resalta, es cuando decimos “tienes que ser un buen niño o una buena niña, tienes que estudiar para ser alguien en la vida, tienes que sacar A o no eres inteligente”. De la misma forma, cuando se insiste en que sigas determinada religión, te mantengas en un peso particular o estudies una carrera específica “porque si no lo haces decepcionarías a la familia”.

“Son pensamientos o estándares que cada familia o sociedad impone de manera consciente o inconsciente, usualmente durante el proceso de niñez y adolescencia”, sostiene Rivera. Pero una de las dificultades, agrega, es que esas expectativas son códigos familiares o sociales que, en ocasiones, son rígidos e inflexibles y conducen al ser humano a la infelicidad.

“Esas exigencias promueven las condiciones perfectas para que nazca la baja autoestima. Pues se promueve que el ser humano desarrolle una visión idealizada, estereotipada y en ocasiones irreal de sí mismo”, afirma Rivera.

Baja autoestima

Desde la concepción de la vida humana se va desarrollando un oído especial hacia las instrucciones, expectativas y deseos de todas las personas más cercanas. Y a través de la vida, indica Rivera, se van creando esquemas o mapas mentales de lo que significa ser aceptados y valorados.

“La sensación de insatisfacción de estos significados es la que va lacerando el autoconcepto de valor y estima de nosotros mismo”, explica la psicóloga, quien destaca que al hablar del concepto de autoestima baja, hay un “yo idealizado y el verdadero yo”.

Significa que a medida que crecemos se va acumulando una “mochila de yo debería ser: inteligente, bella, guapo, delgada, exitoso, buen hijo o hija, buen creyente o practicante de determinada religión entre otros tantos debería”. Y eso es lo que lo sumerge en un “mar de infelicidad” a la persona porque siente que nunca va a ser suficiente. De esa forma, puntualiza Rivera, se va desarrollado una baja autoestima porque ve y percibe el mundo de forma amenazante y agobiante.

“Es una sensación que se puede trasladar tanto al contexto íntimo personal como familiar, social o laboral. Se va desarrollando en lo profundo de la mente un sentido de estar incompleto o de ser incompetente ante las exigencias de la vida. Y se va sintiendo como que nunca se va a ser suficientemente bueno para los padres y madres, para la pareja, para profesores, para los jefes y para la sociedad en general”, explica Rivera, quien cree todos somos propensos, en alguna medida, a desarrollar una baja autoestima, sin importar clase social, nivel educativo o profesional, religión o sexo.

De hecho, dice que como psicóloga y consejera le preocupa que las personas sufran y sientan que tienen que satisfacer expectativas de otros para ser felices. Por eso cree que ser feliz es aprender que somos distintos y que la aceptación de nuestras preferencias, como selección de carrera, pareja o religión, es personal y conlleva un proceso de vida,

“En ocasiones, el pensamiento que nos enseñan a través de la crianza y educación formal esta polarizado hacia lo que es bueno o malo. Sin embargo, el ser humano es mucho más complejo que esta simpleza. Lo que nos gusta y nos hace felices hoy puede cambiar según vamos entrando en diversas etapas de vida”, sostiene Rivera. Pero admite que por nuestra condición de seres vivos, todos necesitamos ser aceptados, valorados, cuidados y estimados por ser quienes somos.

Ciertamente, nadie puede dar lo que no tiene. Pero Rivera cree que nunca es demasiado tarde para aprender. Por eso recomienda que, si has identificado que tienes la autoestima lacerada o sientes que no encajas en ningún lugar, busques ayuda profesional lo antes posible.

“Posiblemente, necesitas con carácter de urgencia comenzar a darte tú mismo las primeras lluvias de amor y aceptación. Finalmente quiero decirte que es posible amarte a ti mismo desde hoy. Este es el mejor regalo de vida que puedes darte. El primer paso es saber quién eres y comenzar a aceptarte tal como eres, sin juicios”, aconseja Rivera.

4/2/17

Cómo elevar la autoestima en verano [4-2-17]


Cómo elevar la autoestima en verano

Potencia los hábitos positivos durante las vacaciones para quererte más a ti mismo


El concepto operación bikini muestra la exigencia que plantea para muchas personas la llegada del verano en una sociedad en la que el culto al cuerpo es notable. Existe un pilar esencial del bienestar: la autoestima tanto en el plano personal como en el trabajo. El descanso estival crea unas condiciones especialmente idóneas para reforzar la introspección, potenciar el autoconocimiento y descansar.

Sin embargo, el verano no es sinónimo de felicidad a modo de causa y efecto como muestra el caso de aquellos profesionales adictos al trabajo para quienes el descanso se convierte en motivo de ansiedad. Durante el verano también pueden surgir asuntos pendientes de resolver que han permanecido adormecidos a lo largo del año y que surgen con más fuerza en esta época del año. Así puede ocurrir, por ejemplo, al tomar conciencia de los problemas pendientes de resolver en la relación de pareja.

La autoestima es el pilar para ganar seguridad en uno mismo y tener bienestar en distintos ámbitos de la vida. Quienes tienen una baja autoestima pueden cambiar de actitud para empezar a quererse más a sí mismos a partir de ahora. Y quienes tienen una autoestima alta pueden esforzarse por mantenerla.

Las frases de autoestima nutren la mente, aportan energía positiva y generan el hábito del amor propio. A modo de ejercicio de coaching puedes elaborar tu particular decálogo de diez frases de pensamiento positivo que serán tu brújula de felicidad estival.

La pausa profesional de las vacaciones también es propicia para realizar balance de los objetivos alcanzados durante los dos primeros trimestres del año para analizar las asignaturas pendientes y establecer nuevos objetivos profesionales a partir de septiembre.

Existen profesionales que quieren actualizar su currículum vitae durante las vacaciones, en cuyo caso, existen cursos de verano ofertados por las universidades que son una buena propuesta de aprendizaje. El aprendizaje también alimenta la autoestima porque es importante cuidar cuerpo y mente para ser feliz practicando el carpe diem: el ritmo del verano tiene una pausa distinta.

A nivel personal, practica el sentido del humor en tus planes con amigos y familiares porque los conflictos personales también pueden ser causa de estrés durante las vacaciones.

El verano es un tiempo especialmente recomendado para la lectura. Existen libros interesantes para potenciar el crecimiento personal: "Si puedes volar, por qué gatear" escrito por Bernabé Tierno es una propuesta muy positiva para superarte a ti mismo.

2/2/17

Autoestima: el sistema inmunológico del psiquismo [2-2-17]


Autoestima: el sistema inmunológico del psiquismo

La autoestima desempeña la función de termostato emocional modulando el impacto de las emociones negativas, evitando que se extiendan al resto de la vida.

En los últimos años el concepto de autoestima ha sido sometido a un abordaje múltiple por varias disciplinas. La autoestima no señala un núcleo estable. Está sujeta a un constante proceso de cambio y transformación.

La autoestima desempeña la función de termostato emocional modulando el impacto de las emociones negativas, evitando que se extiendan al resto de la vida. Se manifiesta a través de las emociones, de los pensamientos y la acción: influye en nuestras relaciones sociales y proyectos. Nadie carece de ideas acerca de sí mismo y de su valor. Y estas ideas influyen en nuestras acciones y sentimientos. Se nutre también de los signos de reconocimiento social: así como por nuestros logros y acciones consideradas exitosas. También de nuestros vínculos y proyectos. La autoestima facilita la acción: la acción alienta, modela y construye la autoestima.

La autoestima actúa como el sistema inmunológico del psiquismo, proporcionándonos resistencia, fortaleza y capacidad de recuperación. Una baja autoestima nos torna vulnerables ante los problemas de la vida. Si no creemos en nosotros mismos, en nuestra eficacia, ni en nuestra capacidad de ser amados, el mundo es un lugar aterrador.

La autoestima es una experiencia íntima: es lo que pienso y lo que siento sobre mí mismo, no lo que piensa o siente alguna otra persona acerca de mí. Mi familia, mi pareja y mis amigos pueden amarme, y aun así puede que yo no me ame. Mis compañeros de trabajo pueden admirarme y aun así yo me veo como alguien insignificante. Puedo proyectar una imagen de seguridad y aplomo que “engañe” a todo el mundo y aun así temblar por mis sentimientos de insuficiencia. Puedo satisfacer las expectativas de otros y aun así fracasar en mi propia vida. Puedo ganar todos los honores y aun así sentir que no he conseguido nada. Millones de personas pueden admirarme y aun así me levanto cada mañana con un doloroso sentimiento de fraude y un vacío interno. Pensemos en los “ricos y famosos” que no pueden pasar un día sin drogas.

Conseguir el éxito sin lograr primero una autoestima equilibrada es condenarse a sentirse como un impostor y a sufrir esperando que la verdad salga a la luz. De dos modos se obtiene el reconocimiento: por conformidad (ser como los demás) o por distinción (ser distinto y hacer que los demás valoren esa diferencia). Ser como los demás representa una garantía de aceptación social. Buscar el reconocimiento por distinción es más frecuente en adolescentes, porque les sirve para afirmarse en su autoestima e identidad. Hay adultos que también tienen un reconocimiento por distinción. Quizá porque siguen conservando la frescura juvenil.

La admiración de los demás no crea nuestra autoestima, ni tampoco la erudición, o la maternidad, ni las posesiones materiales, las conquistas sexuales o la cirugía estética. A veces, estas cosas pueden ayudarnos a sentirnos mejor con nosotros mismos o a sentirnos más cómodos en situaciones concretas. Pero la comodidad no es autoestima. La “zona de confort” genera solo estabilidad.

Sin embargo, esa mirada-juicio sobre uno mismo es vital. Cuando es positiva, permite actuar con aplomo, sentirse a gusto consigo mismo, enfrentar dificultades. Cuando es negativa, engendra sufrimientos que afectan la vida cotidiana. Nos dejamos llevar más por el deseo de ahorrarnos dolor que por el de buscar alegría.

¿Quién soy? ¿Cuáles son mis cualidades? ¿Cuáles mis talones de Aquiles? ¿De qué soy capaz? ¿Cuáles son mis éxitos y mis fracasos, mis habilidades y mis limitaciones? ¿Cuánto valgo para mí y para la gente que me importa? ¿Merezco el afecto, el amor y respeto de los demás o siento que no puedo ser querido, valorado y amado? ¿Siento una brecha enorme entre lo que quisiera ser y lo que creo que soy? ¿Qué puedo hacer por mi mismo? ¿Estoy tomando demasiado (y no porque me lo digan los demás, yo mismo me lo digo)? O tomo menos o trato de que no me importe. ¿Lucho o me dejo estar?

Los componentes de la autoestima


La autoestima contiene múltiples facetas. Es posible tener una buena autoestima en el terreno intelectual que contrasta con una frágil en lo afectivo. Puede ser variable en distintas actividades y prácticas: laboral, afectivo, intelectual, corporal, sexual. El niño interioriza las imágenes y las propuestas que los otros tienen de él. Y  puede elaborarlas para construir a ese adulto que será. Pero una persona no es una unidad sino una multiplicidad. Todos sus diversos aspectos: el profesional, el familiar, el amoroso, el social son relativamente autónomos los unos respecto de los otros.

Es probable que un éxito o un fracaso en un sector tengan consecuencias en los otros. Un desengaño amoroso acarreará una vivencia de pérdida de valor personal. A la inversa, un éxito en un campo determinado puede beneficiar la autoestima. Es difícil que ciertas heridas narcisistas no irradien sobre otros sectores. Por suerte, también irradian los logros.

Los componentes de la autoestima son interdependientes . Puede alguien tener dificultades en el amor por sí mismo: aún habiendo logrado una aceptable trayectoria personal  ante un fracaso sentimental se le impondrán dudas insoportables. También puede suceder que padezca de falta de confianza porque los padres lo han sobreprotegido evitándole la confrontación con la realidad por lo cual, pese al afecto recibido, tendrá dudas torturantes ante sus logros.

La autoestima no puede ser abordada sino desde el paradigma de la complejidad. Puede haber un desequilibrio neuroquímico pero lo que siempre habrá será la acción conjunta, y difícilmente deslindable, de la herencia, la situación personal, la historia, los conflictos neuróticos y humanos, las condiciones histórico-sociales y las vivencias .

Abordaré la autoestima siguiendo tanto la sugerencia de S. Freud (1901) quien dijo: “Una manera de escribir clara e inequívoca nos avisa que el autor está acorde consigo mismo;  y donde hallamos una expresión forzada y retorcida, que, según la acertada frase, hace guiños en varios sentidos, podemos discernir la presencia de un pensamiento no bien tramitado”. Por su parte Pierre Bourdieu advirtió sobre la tendencia de los intelectuales al “esteticismo filosófico” y también alertó sobre otra tentación: la “esloganización” típica de los opinólogos que se quieren hacer pasar por sabios.

El intelectual crítico está en las antípodas de ambas actitudes. Es un explorador con varios desafíos: encontrar la verdad, hacer una traducción que vuelva sensibles las cuestiones abstractas, destruir la falsedad y hallar los instrumentos que le den fuerza a esa verdad. Todo ello soslayando el academicismo. El academicismo es la sumisión exagerada a las reglas de la escuela o de la tradición, en detrimento de la libertad, la originalidad, y la audacia. Es el gusto inmoderado por el estilo culto o universitario: una forma de dirigirse a los de la propia parroquia antes que al lector interesado en el tema propuesto.

Nuestra autoestima depende de múltiples espejos aunque también existe un espejo interior pero no es “objetivo” y está enturbiado por la mirada de los demás. ¿Estoy trabajando bien? ¿Mis hijos me quieren? ¿No tengo entusiasmo para nada? ¿Soy íntegro en mi vida? ¿Descuidé a mis personas queridas? ¿Aporto algo a la comunidad? ¿Mi vida es acorde a mi ética?

La autoestima es sentirnos competentes para enfrentarnos a los desafíos y creernos merecedores de recompensa. Contiene varios aspectos: confianza en nuestra capacidad de pensar, aprender, elegir y tomar decisiones adecuadas y convicción en nuestro derecho a ser reconocidos por los demás y por nosotros mismos.
Todas las personas, aun las menos dadas a la introspección y a observar a los demás, tiene una somera idea de lo que es la autoestima. Veamos si podemos aclararla desde distintos puntos de vista. En la autoestima participan no sólo sentimientos, sino también pensamientos y actitudes. Existe un elemento afectivo, una valoración positiva o negativa según ciertos ideales. Por autoestima entendemos esa autoevaluación que expresa aprobación/desaprobación.

¿Como definir los diversos componentes de la autoestima?
Ellos son:

1- “Creer en las capacidades para actuar con eficacia en el logro de las metas”
2- “Estar satisfecho con la forma de actuar” .
3- “Tomar decisiones y perseverar en ellas”.
4- “Tener una mirada benevolente hacia uno mismo”.
5- “Lograr una imagen aceptable de sí mismo”.
6- “Evaluar logros y relaciones afectivas en función de los proyectos personales”.

Los alimentos afectivos: del desamparo a la autonomía

El niño se alimenta del amor que recibe de sus padres. El niño lo percibe, le permite no padecer un sufrimiento devastador, daños irreparables, pero si ese amor no es acompañado con actos y gestos concretos su autoestima e identidad serán lesionadas.

Los bebes que se crían en hogares demasiado tristes, caóticos o negligentes probablemente vivirán con una visión derrotista, sin esperar ningún estimulo o interés de los otros. Este riesgo es mayor para los hijos de padres ineptos (inmaduros, consumidores de drogas, deprimidos o carente de objetivos).

La crianza consiste en dar a un hijo primero raíces (para crecer) y luego alas (para volar). En las primeras relaciones un bebé puede experimentar la seguridad o bien el terror y la inestabilidad. En las posteriores un niño puede tener la experiencia de ser aceptado y respetado o rechazado. Algunos niños experimentan un equilibrio entre protección y libertad. Otros, una sobreprotección que los infantiliza. Padres que dan pescado en vez de enseñar a pescar. Otros niños están subprotegidos, es decir sobreexigidos. Se los pone en un botecito en alta mar .

Los niños descubren que son valiosos porque sus progenitores los tratan con afecto y porque ciertos valores son reforzados. Y estos niños se respetan porque observan cómo actúan sus padres hacia ellos y hacia otras personas. Recíprocamente, las fallas en la autoestima suelen originarse en la indiferencia parental, en la soberbia o en el maltrato.


La autoestima es un proceso continuo de interiorización del mundo exterior: la lengua que hablo, las categorías de la experiencia sensible o del pensamiento de las que me sirvo, la presión de las comunidades, la pertenencia a un género, una edad, una clase.

Las grandes depresiones y los pequeños bajones a menudo derivan de un discurso familiar en que prevalecía una actitud crítica e inhibidora para con el niño. No estamos condenados por esa mirada cruel. Si estamos condenados es porque no tuvimos posteriormente oportunidades de reemplazarla o no supimos aprovecharlas. También es cierto que a lo largo de nuestra vida debemos desechar mensajes y miradas que reforzarían este discurso que transmite insatisfacción con uno mismo.

Lo perturbador no es recibir cuestionamientos sino recibirlos de manera constante. La actitud hipercrítica es más nociva cuando no es balanceada por miradas benevolentes. Esa hipercrítica obedece a un perfeccionismo patológico. A veces puede ayudar a conseguir los objetivos en ámbitos limitados y bien definidos pero su costo emocional es elevado.

¿Qué precio tienen los éxitos en una atmósfera tóxica?

Los otros van cambiando. Apenas nacidos, somos pura necesidad. Enseguida conocemos el placer de ser abrazados. Después tenemos relaciones amorosas y sexuales. Después el placer del trabajo y de otras actividades. Pero no pasamos automáticamente. No se trata de una transición natural, sino de una transición regada por el lenguaje, la simbolización, la creatividad, que los otros nos procuraron hasta que estuvimos en condiciones de procurárnosla por nosotros mismos.

La autoestima que tenemos hoy se fue amasando con distintos ingredientes a partir del primer día de vida e incluso antes, en el proyecto de los padres para ese hijo y en la propia autoestima de los padres. Es un residuo, un destilado de esa retorta. Un destilado alimentado también por la influencia del futuro en el presente.

La autoestima inicial tiene mejores posibilidades:

a) si el niño experimenta que se aceptan sus pensamientos, sentimientos y el valor de su persona.

b) si lo invitan a jugar un juego limpio, con límites definidos con claridad; con una “libertad” limitada, no solo experimenta una sensación de seguridad, sino que cuenta con elementos para evaluar su propio juego.

c) si los padres no recurren a la violencia o la humillación; si  para calificar toman en cuenta las necesidades y deseos del niño.

Esa convicción se transmite por el cuidado respetuoso y no intrusivo. El amor no se siente consistente cuando se utiliza para manipular obediencia o sometimiento. Un niño cuyos pensamientos y sentimientos son tomados en cuenta aprende a aceptarse a sí mismo.

Las cuatro modalidades de la autoestima

La autoestima fluctúa: puede ser más o menos alta, más o menos estable y necesita ser alimentada, en grados diversos, desde el exterior. Aunque las bases se construyan durante la infancia, la autoestima no es inalterable en otras etapas de la vida. Sigue fluctuando.

La autoestima es un estuario caudaloso, turbulento, con cambiantes mareas. El Paraná cuando desemboca en el Río de la Plata. Los ríos que desembocan en la autoestima son la infancia, las realizaciones, la trama de relaciones significativas, pero también los proyectos (individuales y colectivos) que desde el futuro hacen posible el presente. Repitamos esto: sin futuro no hay presente. Por supuesto que con tantos afluentes la autoestima es turbulenta, inestable.

A) Alta y estable
Las circunstancias “exteriores” y los acontecimientos de vida “normales” tienen poca influencia sobre la autoestima. El individuo está fuera de la manada, sin obedecer ni polemizar con los demás. No consagra mucho tiempo ni energía a la defensa o la promoción de su imagen. No necesita defenderla. En todo caso se defiende sola.

Pero la excesiva confianza en el propio valor y eficacia podría hacernos más vulnerables a los peligros por cierta omnipotencia que nos impide reconocer nuestros límites y limitaciones.
Las personas con una buena autoestima no vacilan en pedir ayuda a los demás. Están seguras de que la ayuda es un préstamo que podrán devolver. Y los demás son como los bancos: le prestan al que tiene con qué responder. Dicho de otra manera, ayúdate que te ayudarán.

B) Alta e inestable
Aunque elevada, la autoestima de estas personas padece grandes altibajos. “Se ponen locos” ante las críticas y fracasos, percibiéndolos como amenazas y nos refriegan en las narices sus éxitos y sus virtudes. Los sujetos de autoestima alta y estable son mucho más atemperados y positivos, mientras que los de autoestima inestable siempre están pendientes de desafíos o del reconocimiento de los otros. La presencia constante de amenazas revela la labilidad de la autoestima.

Hay dos modos de reaccionar al fracaso. O aceptarlo y sacar una enseñanza o se echa la culpa a los demás . A partir de un acontecimiento dado, tendemos a atribuirle ciertas características: lo que ha ocurrido depende de mí o del exterior, va a reproducirse o será un hecho aislado, es representativo o limitado.


Este sentimiento de fragilidad conduce a situar la autoestima como preocupación central. Así como les exige preservarla a cualquier precio y apelar a una actitud agresiva (para promoverla) o bien pasiva (para protegerla). Ambas actitudes responden a un sentimiento de vulnerabilidad, consciente cuando corresponde a una autoestima baja, y a veces inconsciente, en el caso de una autoestima elevada pero frágil.

Las personas con autoestima elevada pero inestable luchan denodadamente. Sus tentativas son constantes para destacarse, dominar, hacerse querer o admirar. La imagen les reluce pero no es oro. Cuando se empaña asoma una inquietante inseguridad. Estos perfiles de autoestima se encuentra como base de diversos trastornos psicológicos: ira incontrolable, abuso del alcohol y drogas, adicción al trabajo, depresiones y colapsos narcisistas.

El éxito es postizo cuando se siente como un implante, una prótesis, cuando implica desgaste emocional, ansiedad excesiva y riesgo depresivo. Así como un sentimiento de fragilidad que provoca inquietud o vulnerabilidad ante las agresiones (reales o imaginarias) sobre la autoestima. Los logros nunca aportan demasiada seguridad. El equilibrio narcisista esta perturbado, hipotecado en defenderse de las experiencias negativas. Tienen la tentación de la huida hacia adelante, de brillar para no dudar.

C) Baja e inestable
Su autoestima es vulnerable. Debido a éxitos o satisfacciones puede subir un poco. Sin embargo, ese sentimiento es frágil y su autoestima se resiente cuando amagan las dificultades.

Las personas con baja autoestima pagan tributo al juicio de los otros. Su temor a engañarse o engañar a los demás los expone a dudas, a sentirse tránsfugas, impostores. La vivencia de impostura transforma los aplausos en dudas constantes acerca del mérito real. Son indecisos por temor a equivocarse. Con el pretexto de desensillar hasta que aclare (prudencia), terminan montando poco y nada el caballo (pusilanimidad).

El síndrome del impostor puede ser crónico en sujetos con baja autoestima que suelen pensar que no están a la altura del reconocimiento logrado. Padecen de una ansiedad permanente en el cumplimiento de sus tareas. Esta ansiedad los expone a estados depresivos a pesar de “éxitos” notables. Su incomodidad ante el éxito se basa en que éste les produce “disonancia cognitiva” producto de la contradicción entre la idea que tienen de sí mismos y la mirada de los otros. Si bien necesitan los logros, los temen porque los colocan ante una enorme exigencia.

D) Baja y estable
En este caso, la autoestima se ve poco afectada por los acontecimientos exteriores favorables. Están resignados y hacen pocos esfuerzos para valorarse a sus propios ojos o a los de los demás. Si no se sienten queridos tenderán a replegarse en lugar de renovar vínculos satisfactorios. Si creen haber fracasado, tenderán al autorreproche y a paralizarse sin darse otras oportunidades. Se ilusionan con fantasías de éxito y gloria, pero el temor a las decepciones los paralizan. Dependen excesivamente del reconocimiento de los otros.

En personas con baja autoestima predominan las emociones negativas (vergüenza, cólera, inquietud, tristeza, envidia) y padecen de un sentimiento de vulnerabilidad al sentirse amenazadas por las vicisitudes de la vida cotidiana. Cualquier riesgo es una amenaza. Se dedican más a la protección de su autoestima que a su despliegue, más a la prevención de los fracasos que al  asumir riesgos. Evitar arriesgarse a la crítica o al rechazo. Permanecen en la sombra, porque no están dispuestas a exponerse.

Cuando la autoestima es baja disminuye la resistencia frente a las adversidades y las personas encallan frente a vicisitudes superables. El déficit en la autoestima no supone incapacidad para logros ya que se puede tener el talento y empuje necesarios para lograrlos. Sin embargo disminuye la eficiencia y la capacidad de alegrarse con sus logros que serán vivenciados como insuficientes.

¿Existe una autoestima equilibrada?

No creemos que sea posible establecer un “justo medio”. En rigor se trata de una “autoestima llevadera”, o sea “suficientemente buena”. Para simplificar a veces la llamaremos autoestima “equilibrada” o “consolidada”. Con una autoestima equilibrada las ilusiones suelen ser un preámbulo de la acción, en vez de representar una alternativa: su modo de actuar (aceptar riesgos, intentar desarrollar sus competencias, ampliar sus límites) permite consolidar la autoestima.

¿Cuándo la ilusión es “buena” y cuándo es “mala”?


Es negativa cuando es un sustituto de la acción. En el lenguaje corriente ilusión quiere decir muchas cosas: creencia, fantasía, proyecto, etc. Acá tratamos de darle un significado preciso. Lo primero será separarla de la noción de error. Los errores saltan a la vista. Las ilusiones falsas no. El error es una carencia (de conocimiento). La ilusión, un exceso de creencia, de imaginación. Hacerse ilusiones es tomar los propios deseos por la realidad. Puedo equivocarme sin que sea en función de mis deseos (entonces se trata de un error, no de una ilusión). La ilusión, aunque pueda ser falsa, y aunque lo sea la mayoría de las veces, no es error. Es una creencia.

Las personas con autoestima equilibrada soportan una evaluación mientras que los de baja exigen aprobación. No se trata de miedo al fracaso, sino de alergia al fracaso. Cuando la autoestima es baja disminuye la resistencia frente a las adversidades y las personas se atascan en escollos superables. Una baja autoestima disminuye la capacidad de alegrarse con sus logros que siempre serán vivenciados como insuficientes. Prefieren tener un lugarcito asegurado en un grupo poco valorizado socialmente a esforzarse para defender un lugar en un grupo competitivo. Están dispuestos a compartir los éxitos grupales y encuentran allí la seguridad de una dilución de las responsabilidades si las cosas terminan mal.

La autoestima necesita estrategias de sostenimiento, desarrollo y protección. Algunos necesitan enormes esfuerzos para protegerla: negación de la realidad, huida o evasión, agresividad hacia los demás. Sacrifican mucho de la calidad de vida y se torturan ante exigencias por expectativas propias y ajenas.

¿Cómo sobreponerse al temor y afrontar lo nuevo?


Entrenándose con frustraciones que no lo tumben y con gratificaciones que lo compensen, aunque no sean inmediatas, aunque sean promesas. Las personas autoevalúan su habilidad en la ejecución de tareas, su concordancia con los patrones éticos y estéticos, la forma en que otros las aman o aceptan y el grado de poder que ejercen.

Resumiendo: los cimientos necesarios para una autoestima equilibrada implica que los otros primordiales lo hayan criado con amor y respeto, le ofrecieron reglas estables y razonables que contribuyeron a generar expectativas adecuadas, sin recurrir al ridículo, la humillación o maltrato físico y que tuvieron confianza en sus capacidades.

Autoestima y maltrato social:


El psicoanálisis describe las vicisitudes de la autoestima según la relación entre el yo y sus ideales.  Éstos se convierten en los depositarios de la omnipotencia narcisista original y el yo disfruta de autoestima en la medida en que su imagen se acerca a sus valores éticos y estéticos. Ellos contienen múltiples identificaciones con los padres, así como identificaciones posteriores con hermanos, contemporáneos y adultos admirados.

El niño al percibir su desvalimiento, pierde la ilusión de una fusión perfecta con la madre. Percibe que necesita, que tiene que pedir. La ilusión de autosuficiencia deja paso a un sentimiento de inferioridad. Para congraciarse, el niño se vuelve casi una réplica. Acepta todo de los padres. Incorpora sus valores y sus prohibiciones. El temor a que dejen de quererlo queda siempre flotando, mientras se va constituyendo el superyó, que es el mismo tirano con distinto bozal. Con la aclaración de que “el papá dentro de uno”, por terrible que sea, no deja de ser una creación del sujeto.

No hay en el ser humano una facultad “natural” que le permita distinguir entre el bien y el mal. La ética no es innata sino adquirida. Le es impuesta al niño por un dictamen exterior, que paulatinamente irá haciendo suyo. Se somete porque es débil. Se somete cuando lo instan a controlar sus esfínteres. ¿O usted piensa que él tiene alguna gana de controlar? Los padres bajan línea. A veces como vicarios de leyes que están en la cultura (controlar los esfínteres), a veces como déspotas caprichosos.

La autocrítica (superyó) es la internalización de deseos y tabúes, anhelos y prohibiciones. Tiene historia, es cambiante. Día a día va haciéndose cargo del “mundo externo” y, particularmente, de los valores de la cultura como un todo. El niño y el adulto necesitan ser amados por su superyó, como también necesitan ser amados por las personas de su entorno y necesitan que sus logros sean respetados por la cultura (o por su microcultura o cultura alternativa).

Una de las primeras cosas que aprende el bebé es a observar el semblante de esos seres todopoderosos que lo cuidan. Peor para él si están disgustados. Otra cosa que aprende es que sus progenitores se alegran cuando hace algo (empezar a gatear, etc.) y se intranquilizan cuando hace algo (llorar, etc.). En los padres y en él hay, binariamente, cosas buenas y malas.

Las aspiraciones acerca de lo que se debe ser y tener (ideal del yo), así como las consignas acerca de lo que no se debe hacer (consciencia moral) están conformadas por las aspiraciones parentales y sus sustitutos. La amenaza de la pérdida de amor está siempre flotando.

El camello, el león y el niño. Según Nietzsche, el hombre pasa por tres estadios. En el primero, el hombre es un “camello”, cargado con puros “tú debes”. En el segundo, ha descubierto su “yo quiero” y lucha como un león contra el “tú debes”, pero sin poder zafar. Hay todavía demasiadas cuentas pendientes que impiden la soltura del querer creador y la autonomía consecuente. Esto se logra cuando se llega a ser niño y se consigue la espontaneidad.

La persona incrementa su autoestima en la medida en que se siente más próxima a los proyectos que demandan sus ideales. Una frustración narcisista puede precipitar una depresión al producir un colapso parcial o completo de la autoestima si el sujeto se siente incapaz de vivir acorde con sus aspiraciones. Esas aspiraciones pueden estar a años luz o relativamente cercanas. Cuanto más lejos estén, más recursos se dedicarán a disimular ese hiato.

Frente al estallido de las normas tradicionales, el individuo cuenta (o debiera contar) con una guía interior que extrae de la mirada de los otros y la suya propia. La búsqueda de autoestima es como toda búsqueda, la prueba de que uno está vivo e implica someternos a ciertas exigencias.

La persona sumergida en valores múltiples y contradictorios debe reconstruir ideales para encontrar patrones de medida para su autoestima. Cada uno se las arregla como puede frente a la multiplicidad y la movilidad de los referentes colectivos que fundan el reconocimiento social. En la actualidad los vínculos sociales son más inestables. Y entonces la construcción de la autoestima y su preservación en las azarosas calles de la urbe están mas basadas en la autonomía y la eficacia personal.

La autoestima se resquebraja cuando la sociedad “maltrata” al sujeto y se desmantelan ciertos soportes necesarios. La degradación de los valores colectivos incide sobre los valores personales, “instalados” en la infancia pero siempre “actualizándose”, como un programa de computación. ¿Cómo recuperar una credibilidad apuntalada por convicciones éticas compartidas y compartibles? La falta de brújulas éticas no puede sino hacer tambalear la autoestima.

Podríamos hablar de efectos inherentes a la globalización y de efectos indeseados. Mientras tanto, podemos constatar que se han debilitado los lazos sociales y se ha borrado una dimensión: la de la vida pública. Faltan referentes, brújulas que indiquen por qué latitud y longitud navega nuestro barco. El río está revuelto, y lo está porque así son los ríos, pero también porque la corrupción y la apatía de los honestos permiten que se contaminen.

La autoestima también se ve afectada por fenómenos como el desempleo, la marginación y la crisis en los valores e ideales. Los duelos masivos y traumas hacen zozobrar vínculos, identidades y proyectos personales y colectivos.

No se trata de cruzarse de brazos ante procesos destructivos. Nuestro país vive socavado por la desocupación, por la pauperización generalizada, por la decepción con la corporación política y su imposibilidad de mirar otra cosa que sus prebendas y sus rituales. Para vivir, para que la vida tenga sentido, debe haber proyectos. Evitar el “sálvese quien pueda”. La trama cultural puede ser productora de un narcisismo trófico, que apuntala identidades, proyectos, ideales. Para ello se requiere encarar las secuelas del terrorismo de Estado, de la hiperinflación , del terror en todas sus facetas, de la corrupción y de la fragilidad institucional. Nada de guiños cómplices: solidaridad en vez de complicidad.

El que elude enfrentar estas crisis tiene que encerrarse en un búnker al que no afectará el afuera, sus turbulencias diversas, sus duelos masivos. Hemos vivido “dentro” de esa crisis multidimensional (política, social, económica y ética) que nos asedia en las últimas décadas. ¿Cómo historizar sin que la nostalgia corte las alas de la creación?

No cruzarse de brazos supone creer en la transformación. Reivindico un “utopismo crítico” que elabora proyectos y se oponga tanto al voluntarismo sin fundamentos teóricos como a cierto fatalismo que condujo a idealizar el desencanto por identificar lucidez con pesimismo. Un proyecto terapéutico supone la elaboración de ciertos duelos y tiene como protagonista la diferencia. Apostar al “utopismo crítico” no es sólo una irresponsable, fogosa e inconducente actitud juvenil sino la única manera de refundar la esperanza.
 

1/2/17

Maneras de eliminar el estrés durante la recesión [1-2-17]


Maneras de eliminar el estrés durante la recesión

Estrategias simples para ayudar a mantener la calma y seguir adelante

Las recesiones son malas para el nivel de estrés, como muchos saben y han comprobado muchas encuestas en la situación económica actual.
Tal vez no sea sorprendente que casi la mitad e 1,791 adultos encuestados durante la más reciente Encuesta del estrés en EE. UU. de la American Psychological Association haya afirmado que su nivel de estrés aumentó durante el año anterior. Debido a esto, más de la mitad reportó fatiga, el 60 por ciento afirmó sentirse irritable o enojado, y más de la mitad afirmó no poder dormir de noche debido al estrés.

Otros investigadores han encontrado que el estrés añade años a la vida de una persona. Las personas que lo manejan con eficacia tienen niveles mayores de lo que se conoce como colesterol "bueno".

Dos expertos veteranos en reducción del estrés ofrecen estos consejos para aquellos que afirman que les es imposible afrontarlo porque han perdido el trabajo, porque sus ahorros para la jubilación casi han desaparecido, o porque su casa ha perdido todo valor.

El Dr. Paul J. Rosch es presidente del American Institute of Stress y profesor clínico de medicina y psiquiatría del Colegio médico de Nueva York. Deborah Rozman es psicóloga investigadora y directora de Quantum Intech, la compañía matriz del Instituto HeartMath de Boulder Creek, California, que lleva a cabo investigación sobre la gestión del estrés.

Como estrategias de afrontamiento, ofrecen los siguientes consejos a la gente.

Hacer voluntariado. Tal vez suene contraproducente, o incluso como una locura... si está preocupado por su trabajo, o ya lo han despedido, ¿no debería estar buscando otro? Pero Rozman insiste en que es una estrategia magnífica.

"Hacer voluntariado hace que se dé cuenta de las posibilidades", afirmó. Hacer voluntariado en casi cualquier parte, ya sea el picnic de la iglesia, el maratón del pueblo o el banco de comida, puede ayudar a que la mente se distraiga de los problemas, apuntó. También "reabrirá el corazón", señaló, "porque el corazón se cierra tanto cuando uno se preocupa".

Practicar el agradecimiento y la gratitud. Rozman apuntó que es más fácil de lo que parece. "Si todavía tiene un trabajo, agradézcalo", aconsejó. Al igual que el voluntariado, esto "ayuda a que el corazón siga abierto". Y considera que también ayuda a conectarse con sentimientos de esperanza.

Seguir los consejos tradicionales contra el estrés, pero adaptarlos. Se supone que, para reducir el estrés, la gente haga ejercicio, coma bien, y encuentre maneras de calmarse. Pero es crucial encontrar la técnica o técnicas que funcionen para uno, enfatizó Rosch.

"Hay que encontrar lo que funciona para uno, de manera que se haga y se siga haciendo porque alivia la tensión y hace que uno se sienta mejor", apuntó. "Trotar, meditar, la relajación muscular progresiva, el yoga y escuchar música es muy bueno para algunos, pero aburrido y estresante cuando se impone a otros con arbitrariedad".

Reducir el drama vital. Rozman dijo que es típico que la gente que ha sido despedida o que teme perder el trabajo se limite a quejarse. Pero eso sólo añade estrés y drama, advirtió.

"El drama es cuando potenciamos la ira, la ansiedad o el miedo", explicó. Entonces, si se encuentra en medio de una conversación autocompasiva, aconsejó no empeorarlo quejándose aún más. En lugar de ello, intente cambiar el tema o el tono. Sugiere hablar sobre cómo mejorar la situación, no de lo mala que la situación es.

Controle la cantidad de noticias. Las noticias pueden estar llenas de información negativa sobre la economía, todo el tiempo. Rozman sugirió limitar la cantidad de noticias que se ven. Decida cuántas noticias puede ver manteniendo el equilibrio entre estar informado y que lo depriman.

Deje las comparaciones. "No compare el presente con el pasado", subrayó Rozman. Es natural pero deprimente. En lugar de ello, dese tiempo para sanar tras perder un trabajo o cualquier oro inconveniente importante, y luego siga adelante.

Y en lugar de pensar "perdí mis ahorros", intente pensar "esto es lo que haré para recuperarlos", aconsejó.

"Se trata de cambiar el foco a algo que no deprima", añadió Rozman.